Miércoles , 29 Marzo 2017
Manuel Bohórquez en uno de los momentos de su conferencia en Puente Genil. Foto: cordobaflamenca.com

Manuel Bohórquez en Puente Genil

 

Cuando uno lleva cerca de 20 años  escuchando y leyendo las mismas historias románticas y fantasiosas con relación a los orígenes del arte flamenco,  es indescriptible la liberadora   sensación percibida tras un rato de charla con el investigador  y crítico de flamenco Manuel Bohórquez Casado.

El pasado sábado 1 de febrero, en la sede de la Asociación “Amigos de la Música”,  algo más de veinte  buenos aficionados de Puente Genil, en una jornada organizada por la Asociación “Puente Genil con el Flamenco” y la Peña Frasquito en colaboración con el Ilustre Ayuntamiento y la Asociación “Amigos de la Música”, disfrutamos de su generosa compañía, dándonos cuenta  de que, por fin, una nueva investigación en el  arte flamenco es posible y necesaria. Una investigación científica y honesta que lo único que pretende es mostrar los hechos  tal y como ocurrieron. Se derribarán  leyendas,  absurdos mitos,   saliendo  a la luz las vergüenzas y miserias  de algunos;   personas  como Manuel  recibirán una oleada de sinrazón  de  aquellos que prefieren continuar  instalados en su cómoda  y provechosa ignorancia, mas la verdad, poco a poco, irá  asomándose por el horizonte de un cielo flamenco  configurado a base de mentiras, intereses  personales y, también, cómo no, solitarias buenas intenciones.

El curso-titulado “Los Pioneros del Flamenco en los Censos del Siglo XIX versó sobre la investigación que Manuel lleva toda su vida cometiendo, con objeto de aportar  datos biográficos fehacientes de los grandes creadores del cante en el siglo XIX.  Algunos os preguntaréis por la utilidad del conocimiento de los mismos…, muy sencillo, y os propongo el preclaro ejemplo del legendario “Planeta”. De  este cantaor, considerado como la primera gran figura del cante flamenco, Manuel hace unos años publicó un exhaustivo estudio  en el que demostraba una serie de datos que contradecían la información que sobre el mismo siempre nos había proporcionado la flamencología tradicional. Ésta  argumentaba, apoyándose únicamente en la tradición oral,  que era de Triana y uno de los máximos responsables de la vital importancia de  dicho barrio sevillano en la gestación del flamenco. Pues bien, Manuel sorprendió a propios y extraños demostrando, con datos científicos, que ni era de Triana, ni probablemente vivió  allí nunca;  nació en Cádiz y murió en   la “tan denostada”  Málaga tras mas de veinte años siendo vecino de allí.

Imagino que ambas  noticias caerían  como una bomba para los  fieles guardianes de las esencias flamencas del sevillano barrio trianero….Con estos datos, estimados amigos, a vote pronto podemos deducir sugerentes  conclusiones: un legendario cantaor más que no es de Triana-por cierto,  nos adelantó Manuel que Frasco “el Colorao” tampoco-;  si fue tan gran cantaor, es normal que influyera en el cante malagueño-en el flamenco veinte años es un mundo-o recibiera influencia del mismo; y puesto que no se conoce rastro o escuela de su cante ni en su Cádiz natal ni en Málaga, cabría cuestionarnos  si, como piensa el propio Manuel,  en realidad fue tan buen cantaor como siempre nos han vendido. Ahí lo dejo…

Pues bien, queridos lectores, como con este  “supuesto” gran  cantaor, son  centenares  los investigados  por Manuel con desenlaces que, a largo plazo, desmontarán ese maremágnum de leyendas y fantasías en torno al nacimiento y gestación del arte flamenco. Manuel, junto a otros  investigadores de la talla de Faustino Núñez, Guillermo Castro, Antonio Barberán o Gregorio Valderrama, está desarrollando un trabajo impagable que, insisto, sacará al flamenco del túnel romántico del siglo de su nacimiento: el siglo XIX. La pena,  algo bochornoso y denunciable moralmente, es que a nivel institucional toda esta nueva flamencología está siendo rechazada por las elites culturales y flamencológicas  de nuestro país; parece  como si  algunos, en defensa de intereses inconfesables,  tuviesen miedo a la  “incómoda” verdad….

Tras la fructífera charla de Manuel, mientras degustábamos  un riquísimo potaje ofrecido por nuestros amigos Loren y Carolina, disfrutamos del cante del cantaor cordobés “Toto Hijo”. Un cantaor que, a pesar de su insultante juventud-diecisiete primaveras le alumbran-, es fiel depositario del cante de siempre, de ese cante desnudo  y sin estridencias   que llega directamente al corazón del aficionado. En definitiva, inolvidable la jornada flamenca vivida en Puente Genil.

 

 

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¿Pantomima de Saura?

 

¿De verdad piensa y siente el señor Carlos Saura que el flamenco viene de la India? Este interrogante fue el primero, de los muchos, que se me vino  a la cabeza cuando hace unos días salió en los medios de comunicación la intención del cineasta español Carlos Saura de “rodar en la India una película sobre los orígenes del flamenco”.

Lógicamente habrá que esperar a ver el film para la formación de una opinión objetiva, mas a partir de la  intención anunciada por el señor Saura, en los medios, me voy a permitir, estimados lectores,  expresar, A PRIORI, un par de valoraciones que  están  minando mi  paciencia sobre mis  convicciones más asentadas con relación a los fundamentos del arte flamenco. Vamos a ver.

En primer lugar, como bien afirma el señor Saura en otro momento de la entrevista, si lo que pretende es ilustrarnos sobre el  origen  del pueblo gitano me parece genial. No está de más conocer  mejor la procedencia de un colectivo  tan influyente en el arte flamenco histórica y actualmente. Es una obviedad el papel desempeñado por este pueblo en el proceso de génesis y conservación del flamenco; echemos un vistazo a la nómina de cantaores gitanos en la historia del cante y no hay duda posible.

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