Viernes , 24 Marzo 2017
Antonio Reyes y Diego del Morao, en el Teatro Lope de Vega de Sevilla. Foto: Óscar Romero.

Antonio Reyes y Diego del Morao, la simbiosis de dos genios

Texto: Alejandro Medina. Fotos: Óscar Romero.

Un Lope de Vega casi lleno acogió la reedición del directo que unió en el Círculo Flamenco de Madrid a dos figuras en ciernes del flamenco actual: el cantaor chiclanero Antonio Reyes y el guitarrista jerezano Diego del Morao, que grabaron ese noche el recital para editar un disco titulado sencillamente “Directo”.

Y ciertamente el formato y la intención del espectáculo de ayer en la Bienal de Flamenco son las de un recital al uso, sin grandes diferencias con las decenas que el chiclanero ha ofrecido a lo largo y ancho de la geografía española en las dos últimas temporadas de festivales.

Sin embargo, la guitarra del jerezano suma un factor absolutamente diferenciador. Aunque Reyes disfruta de un liderato poco disputado en la parcela del cante “tradicional” (y entrecomillo porque muchas de sus influencias más importantes son contemporáneas) su unión con Diego del Morao acrecienta su arte. Juntos propician una ocasión de crecimiento, en el que cada uno de ellos sobresale gracias a la inspiración del otro. Esta simbiosis aspira a reproducir la que disfrutaron algunas parejas históricas del flamenco, en especial la de Camarón y Paco de Lucía, a quienes se hace referencia explícita en la portada del disco con una fotografía de Pepe Lamarca.

Antonio Reyes y Diego del Morao, en el Teatro Lope de Vega de Sevilla. Foto: Óscar Romero.
Antonio Reyes y Diego del Morao, en el Teatro Lope de Vega de Sevilla. Foto: Óscar Romero.

 

Por tanto, el “Directo” que pudo escucharse anoche en el Lope sirvió para reivindicar el potencial del concierto flamenco típico, con un cantaor, un tocaor y palmeros. Es más, el toque de Diego del Morao sirvió para acicatear a Reyes, que vio cómo el público se volcaba con cada una de las intervenciones de su acompañante. El chiclanero tuvo que desasirse de su habitual seguridad, esa que lo resguarda tras un sonido conciliador, que recuerda sin impostura a sus ídolos (Camarón, Caracol, Chiquetete…) y adentrarse en las regiones más oscuras de su sonido. Fue en la seguiriya donde el toque y el cante volaron más alto, gracias al empuje de Morao, fabuloso, y a que Reyes se desembarazó de su querencia mimética y acudió a las exigencias del cante asumiendo el riesgo. El resultado fue una seguiriya apoteósica, preñada de la demencia que propicia su versión más dramática.

Se alcanzó así la cumbre de un recital en el que primaron la certeza del cante del chiclanero y la maestría de Diego del Morao, que aporta lo mejor de su toque en el acompañamiento al cante, acentuando con su propia personalidad la escuela tocaora que ha heredado. Para contrarrestar la influencia caracolera de su repertorio habitual de tangos, bulerías, fandangos y alegrías, Reyes añadió dos cantes de Antonio Mairena, la toná liviana que abrió el recital y la soleá de Charamusco, tras la que escuchamos otra novedad en su repertorio: la Canastera de Camarón, que previsiblemente bordó.

El espectáculo tuvo el cierre esperado, con un bis por bulerías en el que pudimos gozar con la pataíta del Chícharo, llena de compás, gracia y naturalidad.

DIRECTO. 26/09/2016 Teatro Lope de Vega. Casi lleno.
Cante: Antonio Reyes.
Guitarra: Diego del Morao.
Palmas: Tate Núñez, Chícharo, Diego Montoya.
Percusión: Juan Grande.

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