FLAMENCO, UNA HISTORIA MULTICULTURAL
Sostener y afirmar que los cantes flamencos son una derivación de los cantes árabes y moriscos, es una blasfemia para algunos historiadores; sin embargo las afinidades entre ambos son reales, por lo que no podemos negar la influencia de estos en el flamenco, al igual que en el resto de historia viva de las zonas donde vivieron durante siglos.
Son más los nexos de unión, que los que nos separa de una cultura muy cercana geográficamente. En cualquier tradición musical, tras un análisis comparativo, aparecen una serie de rasgos que la emparentan con otras culturas, normalmente con las más cercanas geográficamente.
En caso de una cultura emigrada o sobrepuesta a otra preexistente, como ha ocurrido en determinadas épocas, el fenómeno que se produce puede ser: o de rechazo, o de simbiosis, en la que aquellas características autóctonas conviven en mezcolanza con las de nuevo asentamiento.
Todo buen aficionado al flamenco sabe que el flamenco es y ha sido mezcla desde sus orígenes. Basta con tener oído y honestidad para reconocer que en las raíces musicales del flamenco hay claras influencias de distintas culturas y tradiciones musicales. En cualquier caso, tan puro como se considera al arte flamenco, tan mestizo es al mismo tiempo.
El flamenco es una cultura auténtica y única que cuenta con su parte árabe, judía, gitana y andaluza. La expresividad de la melodía tunecina, puede crear un placer estético muy parecido al que provoca el cante gitano-andaluz.
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