Decir que Córdoba y el Festival de la Guitarra le deben mucho a Paco Peña es quedarse corto. Porque la paternidad de este encuentro con las seis cuerdas es, visto con amplia perspectiva, un hito casi anecdótico en la carrera del maestro. Precursor y siempre adelantado a su tiempo, ha sido un obrero de la sonanta toda su vida: emigró de su tierra muy joven para ganarse un futuro con una música hasta entonces desconocida en gran parte de Europa; conectó con el gran público londinense, que lo catapultó a la fama recorriendo escenarios de todo el mundo; fue pionero al abrir las puertas del conservatorio a la guitarra flamenca con la fundación de la primera Cátedra de Guitarra Flamenca en Rotterdam en 1985… Y es que, si uno echa la vista atrás, el flamenco y la guitarra flamenca actual le deben mucho al padre del Festival de la Guitarra de Córdoba.
Por todo ello y también porque, a sus 84 años, el hombre sigue en activo, suyo fue el honor de inaugurar la noche del pasado miércoles la programación oficial de la cuadragésimo quinta edición del festival. El hecho de que un músico continúe su carrera a esta edad resulta sorprendente, pero más aún que lo haga conservando la esencia y la solera de su toque casi intactos. Y precisamente de eso va la cosa en este espectáculo, de Solera, que es como se titula la obra. Un montaje donde el cante, el baile y el toque se intercalan y fluyen desde la raíz en dos actos bien diferenciados.
La primera parte nos presenta a la compañía en lo que viene a ser su local de ensayo. Allí se experimentan pasos de baile, se trabajan falsetas y toques, se atemperan las voces y se comparten vivencias entre compañeros en un ambiente distendido. Un encuentro donde convergen distintas generaciones y diferentes estilos, pero en el que el toque rancio del maestro sirve de hilo conductor en palos como soleares, bulerías, tanguillos, farruca o tangos.
En el segundo acto, nos encontramos a todo el cuadro ya de frente al público, con la puesta de escena habitual de un espectáculo. A partir de aquí disfrutamos de bailes por alegrías, el recuerdo a Manolo Caracol con el cante de Iván Carpio, la pieza de concierto de guitarra Panaderos flamencos, la farruca ya montada para el baile y un final por bulerías.
El olfato artístico es algo de lo que puede presumir Paco Peña. Y, en esta ocasión, no le ha vuelto a fallar. La obra cuenta con una puesta en escena sencilla, pero muy cuidada. También es cierto que, en el plano musical, la mayor parte del peso de la obra recae sobre dos guitarras que son únicas en su especie: la del cordobés Rafael Chaparro y la del incomparable Dani de Morón. Ambos nos dejaron junto al maestro un recuerdo sublime con la interpretación a tres de Panaderos Flamencos. No obstante, la realidad es que también hubo momentos en los que el ruido desplazó a la musicalidad del escenario, especialmente en el acompañamiento al baile. De hecho, el papel del elenco de baile es el que más peso tiene en la obra, con una actuación en la que brilló por encima del resto otro artista cordobés, el bailaor Ángel Muñoz.
En definitiva, Solera es un espectáculo bien hilado, con artistas de primer nivel y con sabor a queso añejo. Si flaquea en algún aspecto, es en su temporalización. Y es que, después de dos horas y cuarenta y cinco minutos sentado en la butaca – incluidos veinte minutos de espera entre acto y acto-, uno termina empachado y deseando que llegue el final y no, como debería ser en un obra de esta categoría, ávido de más flamenco.
1 de julio. Festival de la Guitarra de Córdoba. Gran Teatro
Paco Peña. Solera
Guitarras: Paco Peña, Dani de Morón y Rafael Chaparro
Cante: Iván Carpio e Inmaculada Rivero
Baile: Ángel Córdoba, Adriana Bilbao y Gabriel Matías
Percusión: Julio Alcocer
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