Recuerdo a un flamenco genial


He de confesar que nunca he sido un apasionado del cante de Enrique Morente, sus matices personales y su forma de abordar los diferentes estilos del acervo flamenco nunca terminaron de convencerme. Sin embargo me declaro un incondicional admirador de Enrique como artista genial, como maestro de lo jondo y como aficionao cabal.

Sus incursiones en otros géneros musicales me parecen sublimes. Su conocimiento sobre el cante estaba al alcance de muy pocos. Y, sobre todo, su amor por el flamenco siempre ha estado fuera de toda duda. Hay muchos cantaores históricos a los que admiro mucho más que a Enrique, sin embargo es al granaíno al que más me hubiera gustado conocer personalmente. Quizás su condición humana supere todos sus valores artísticos, algo que ya es complicado. Las palabras con las que hablan los que lo conocieron lo resumen como un ser excepcional. Ya saben que «agua piedra siempre lleva cuando va sonando el río».

Todas estas cualidades intrínsecas a Morente son las que han posibilitado que tantos flamencos hayan confluido en torno a su recuerdo en el memorial ‘Morente mas Morente’. El homenaje dio comienzo ayer en el Teatro Circo Price con un plantel de nombres de mucho peso en el arte flamenco. Algunos de los cuales no aparecían en el cartel, algo criticable por parte de la organización. No se pueden omitir a grandes del cante como Enrique ‘El Extremeño’ y José Valencia, o al tocaor y los músicos de Miguel Poveda, por poner varios ejemplos.

El recital lo abrió un «hermano» de Enrique, Pepe Habichuela. Por soleá y bajo la atenta mirada del ronco del Albaycín, hizo las delicias de los buenos aficionaos. Siguió con unas seguiriyas acompasadas y de gran jondura. El público no supo apreciar el arte del maestro o, al menos, aún no había entrado en calor (me quedo con la primera opción). A Pepe le siguió su hijo Josemi Carmona. Salió por granaína que dio paso a unas movidas rumbas. Terminaron padre e hijo juntos sobre el escenario interpretando unos fandangos de Huelva.

Turno para José Mercé. Acompañado por Pepe Habichuela comenzó con la elegía a Ramón Sijé con aires de taranto. Cante que en su día hiciera Morente y que José grabó en su último disco. Se puso algo más serio el jerezano para llevarnos a uno de los momentos álgidos de la noche. Su cante por seguiriyas fue sentido de verdad. Al toque Tomatito. Un cante de Manuel Torre dio paso a otro del Marrurro y éste a un cierre portuense de Silverio. Delirante.

Miguel Poveda. Foto: Rufo. Se fue Mercé, pero Tomatito se quedó acompañado por su hijo para interpretar una composición personal. Sosa y escasa de flamencura. El punto de inflexión de la noche vino a raíz de las veretiginosas bulerías con las que continuó «El Tomate». Velocidad, precisión y jondura comenzaron a hacer las delicias del respetable, que hasta el momento estaba algo apagado. La electricidad del guitarrista contagió al público. Por tangos siguió con las voces de Saul Quirós y Rafita que recordaron a Camarón. No se si fue producto de los nervios, pero estuvieron muy verdes. Los tangos dieron paso a un cierre por bulerías excepcional.

Ya con el público calentito llegó el turno para el más esperado: Miguel Poveda, que estuvo acompañado a la sonanta por Jesús Guerrero. Comenzó cantando «Para la libertad» y nos emocionó posteriormente con sus palabras sobre el maestro Morente y su familia. Estrella lo jaleaba a un lado del escenario. Como no podía ser de otra forma, Miguel cantó los fandangos personales de Enrique alargando cada tercio hasta la extenuación y dejándose la piel. Remató los fandangos por bulerías. Sin duda Poveda es un monstruo del escenario, pero además ayer dio más de sí. Le echó arrestos al cante, y lo hizo con el corazón en la mano. Siguió homenajeando a Enrique con la malagueña de Concha La Peñaranda, al menos eso creía uno de los maestros de Morente, Pepe el de la Matrona. Remató la malagueña con la rondeña del Gallina y el fandango de Lucena.

Eva Yerbabuena. Foto: Rufo. Inspirado, continuó con los tientos de Pastora que desembocaron en tangos del Titi de Triana. Una vez más fue horroroso ver bailar a Miguel. El público estaba medio enloquecido y el catalán devolvió el agradecimiento con unos versos de Lole y Manuel por bulerías al calor de sus músicos que lo arroparon en el fin de fiesta.

Para poner la guinda al pastel de la noche, una paisana del maestro, innovadora como él, Eva La Yerbabuena. Con su particular puesta en escena bailó unas extrañas soleares que fueron sucedidas por unas seguiriyas. Inmenso José Valencia en el estilo del Marrurro. Paco Jarana puso la música con su guitarra y Enrique El Extremeño y Segundo Falcón completaron el trío de cantaores que todo bailaor quisiera tener.

A mí sólo me gustó el cante de José y Enrique, Eva no terminó de convencerme. Pero a buen seguro el ronco del Albaycin disfrutó por igual con todos los artistas que ayer le rindieron pleitesía.

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