Ana Morales, arte sin dobleces

El nombre de Ana Morales suena cada vez con más fuerza en los círculos flamencos. La bailaora barcelonesa emergió desde la pulida cantera del Ballet Flamenco de Andalucía, donde sigue siendo bailaora solista, para acreditarse como figura del baile en tres ediciones consecutivas de la Bienal.

En la de 2012, su espectáculo ReciclARTE cosechó excelentes críticas. En la última edición, su aparición en el recital de Esperanza Fernández bailando por peteneras causó una honda impresión entre el respetable. Por todo ello, la noche del jueves pasado en Sevilla se presentaba como una excelente oportunidad de ver a Morales en un recital completo, variado y desnudo, donde apreciar diáfanamente las cualidades de su arte.

Arropada por un excelente cuadro, Ana Morales expuso un baile sólidamente construido, de técnica abrumadora (maravillosa de pies), equilibrado y poderoso. Su dominio del espacio es una bendición, sus coreografías variadas, muy musicales (perfecta compenetración con sus compañeros)  y tremendamente exigente. La seriedad es la característica primordial de esta joven bailaora. No detectamos ni un recurso fácil, ni una sola concesión a la galería. Baile concentrado, sobrio, fibroso, casi castrense.

Ana Morales. Foto: Jaime Martínez.
Ana Morales. Foto: Jaime Martínez.

Su mensaje no se presta a la polisemia, no existen en él sentidos insinuados: todo está físicamente expuesto. Su poder se basó en la ejecución y en ella encontramos todo lo que la bailaora quiere decirnos.

Por ello triunfó en los palos solemnes: el zapateado (rítmico, casi andrógino), el maravilloso taranto con el que ganó el concurso de La Unión y la excelente soleá de su ReciclARTE. Por alegrías, a pesar de su alusión a la escuela sevillana, careció de espontaneidad, de auténtico júbilo y coquetería. Más anatomía que carnalidad también en los tangos que cerraban el taranto.

Al mismo nivel que la protagonista estuvo su grupo, llegando a imponerse en determinados momentos. La guitarra de Jesús Guerrero es elegante y servicial, las percusiones de Jorge Pérez precisas y juguetonas (cuántas cosas tiene Cuba que decir en nuestro flamenco).

Pero fueron los cantaores quienes deleitaron al público con momentos de gran intensidad, especialmente en la soleá y en la tanda de tonás que interpretaron en solitario, donde Miguel Ortega dejó un tremendo sabor en los cantes de trilla y Juan José Amador, acicateado por el brillo de su compañero, un desgarrador macho por seguiriyas.

Ortega reivindicó una vez más su condición de excelente cantaor, que merece un puesto destacado entre los de su generación. Su nombre y el de Morales son de obligado seguimiento para los aficionados.


‘Callejón del agua’. Baile: Ana Morales. Cante: Juan José Amador, Miguel Ortega. Guitarra: Jesús Guerrero. Percusión: Jorge Pérez. Teatro Cajasol. Aforo: casi lleno.

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