Hay dos momentos en la vida de cualquier mujer en los que irremediablemente se da cuenta de que se está haciendo mayor. Uno es cuando deja de cambiarse el bolso y los pendientes y el otro, cuando empieza a comprender a su abuela. A mí el primero me llegó hace tiempo. El segundo, el martes en el estreno de Jesús Carmona y Cía. en la Bienal.
Si yo hace años le preguntaba a mi abuela si cogía una chaqueta por si refrescaba, ella siempre decía: -“Anda ya, si a vuestra edad no se tiene frío”. Entonces, pensaba que estaba loca, claro. Pero, por suerte o por desgracia, ahora sé a qué se refería.
Se refería a ese tiempo en el que confías plenamente en que puedes comerte el mundo y en el que, además, te sobran las ganas de demostrarlo. Ése, en el que el bailaor catalán se encuentra.
Jesús Carmona no se presentó en el Teatro Alameda con credenciales de relleno. Ha sido primera figura en el Ballet Nacional. En 2011 logró el premio al Mejor Bailarín Sobresaliente en el Certamen Coreográfico de Madrid. Y este mismo año se hizo con el premio Desplante del Festival de La Unión. Pero los títulos no llenan el teatro ni aplauden en pie durante más de cinco minutos. Si esto se consiguió fue gracias a que Carmona baila muy bien.
Es cierto que le falta prescindir de los recursos teatrales manidos, como el blanco y el negro o esas cunas que se mecen como queriendo expresar lo evidente. Y que, por edad, tiene sobredosis de energía y poca templanza. También que al espectáculo le falta distensión. Y que quizás, no le venga mal pasar una temporada en Jerez para aprender a reírse en escena. Aún así, quedarse aquí sería totalmente injusto.
‘Cuna negra & Cuna Blanca’ tiene una música preciosa, compuesta por Daniel Jurado, Paco Cruz y José Ibáñez. Las voces de Los Makarines –José y Maka- encajan a la perfección con la atmósfera de la propuesta. Y todo denota seriedad y esfuerzo.
Jesús hace sentir que hay futuro en el flamenco. Es poderoso en su baile. Conoce el agua que ha de beber. Tiene buenas ideas y originales coreografías. Destacó especialmente en la ‘Soleá ciega’ que interpretó junto a Lucía Campillo, del Ballet Nacional de España. Y en las sevillanas que bailó con Ana Agraz -del Ballet Flamenco de Andalucía-, dignas de ser filmadas por Carlos Saura. Quién sabe.
De momento, regresa a la Bienal este viernes 21 para formar parte del elenco de ‘Sortilegio de sangre’, de Fernando Romero. Por cierto, aún tiene 26 años. Cualquier abuela le diría: -“tranquilo, tienes toda la vida por delante”.
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